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9 de de 2012
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Brasil armado

Brasil está tomando muy en serio el liderazgo regional. A un crecimiento económico sin precedentes en el país en las últimas tres décadas, el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva se encuentra abocado a un rearme en todos los sectores de sus fuerzas armadas. La estabilidad de la nación más grande del continente, con una economía de U$$ 3 billones (la mayor de América Latina), hace ambicionar a los brasileños a un papel de potencia regional.


La escalada armamentista de la Venezuela de Hugo Chávez y la actividad guerrillera de las FARC en Colombia, apuraron los planes del presidente Lula para incrementar en el año pasado el gasto en defensa en un 50%, con un presupuesto de 4,50 millones anuales dentro del Programa de Aceleración del Crecimiento de las Fuerzas Armadas. Brasil está incluido en la lista de los 15 países que más invierten en este sentido, por delante de Canadá, Holanda e Israel.

Las recientes adquisiciones de Brasil para modernizar sus Fuerzas Armadas han sido cuatro aviones Mirage  2000, 12 Super Tucano, 46 cazas F-SE, 53 aviones de apoyo táctico AMX en Italia, y más de 200 carros de combate Leopard 1 y M60, en Alemania y Estados Unidos.

En la visita este mes del presidente de Rusia, Dimitri Medvedev, a Brasil, Lula acordó con este país abrir un nuevo mercado para las armas rusas. Comprarán a Rusia como primera transacción con esta nación que suele coquetear con Venezuela, 12 helicópteros de ataque MI-35, a un costo de U$$ 300 millones. A cambio, el apoyo de Moscú al deseo brasileño de acceder a un asiento permanente en el consejo de seguridad de la ONU, otro signo de pretendido liderazgo del país sudamericano. Con Francia también acordaron compras de armas. Lula quedó con su colega Nicolás Sarkozy en adquirir cazas y helicópteros franceses, y algo más.

Brasil tiene la intención de jugar a las grandes ligas como potencia emergente, en llevar las riendas en América Latina, sin la interferencia de EEUU, y marcando la cancha en los grandes foros económicos.
Pero, como quedó demostrado recientemente en la cumbre de presidentes del Mercosur y Unasur, las diferencias entre los miembros hacen difícil acuerdos que solucionen los problemas regionales que Brasil logra distender.

Fuente: El observador

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