
Deseos por saber qué fue lo que llevó al país a comprometerse con una situación semejante (la cual hasta ahora ha dejado como principal saldo pérdida de vidas), un tribunal ordenó al Ejecutivo a publicar las actas que se comenzaron a escribir en el año 2003. Generalmente, estos documentos deben permanecer 30 años en secreto, para recién luego ser revelados. Sin embargo, la trascendencia de la causa, obligó a tomar esta decisión.
A pesar de esto, el secretario de justicia, Jack Straw, afirmó que, amparándose en una cláusula de la ley de libertad de información, vetaría la iniciativa de publicar las actas. En este caso, el gobierno podría haber decidido apelar la decisión de Straw, pero en su lugar decidió por aprobar el veto ministerial, siendo esta la primera vez que se utiliza desde que dicha ley entró en vigencia.
Respecto a los motivos por los cuales Straw tomó esta decisión, él aseguró que no fue una decisión tomada por capricho, o sin ser analizada previamente, sino que por el contrario, creyó que de esta manera evitaría que se causen daños serios al gobierno.
“Hay que lograr un equilibrio entre la apertura y el mantenimiento de ciertos aspectos de nuestra estructura de gobierno democrático”, alegó Straw. El ministro añadió que era necesario proteger la confidencialidad de las discusiones ministeriales.
Sin embargo, no todos estuvieron de acuerdo con esta moción, ya que las declaraciones del ministro de justicia fueron recibidas en la cámara de los comunes con gritos de “vergüenza” y “escandaloso”. Sorprendentemente, el opositor Partido Conservador, consideró la decisión del gobierno “acertada” ya que la publicación de las actas impediría que en el futuro los ministros discutieran temas polémicos con amplitud.