
Recientemente, Chávez decidió tomar militarmente los puertos de Maracaibo y Puerto Cabello (en las localidades de Zulia y Carabobo respectivamente), los cuales, hasta el momento, estaban en manos de la oposición.
La nueva Ley de Descentralización, aprobada el pasado jueves por la Asamblea Nacional, plantea que la administración de los puertos debe ser transferida al gobierno central. Inmediatamente, Chávez ordenó la intervención militar de los mismos, enfrentándose a la total resistencia de los gobernadores opositores.
De acuerdo a la ley, el gobierno central puede intervenir en las rutas de salida y entrada del país (puertos, aeropuertos y carreteras), si considerase que el gobierno regional no les presta la adecuada atención.
“Vamos a recuperar los puertos y aeropuertos de toda la República opóngase quien se oponga”, afirmó el presidente en su programa semanal de televisión Aló, presidente. Pablo Pérez y Enrique Salas -gobernadores de Zulia y Carabobo, respectivamente- declararon su intención de defender las atribuciones que tenían sobre las instalaciones portuarias.
Jactándose de sus cualidades de dictador, el presidente Chávez recalcó, ante las declaraciones de los miembros de la oposición, que los mismos están obligados a obedecer las leyes del país. De lo contrario, no tendría problema en encarcelarlos:
“El gobernador de Carabobo dijo que iba a defender Puerto Cabello. Bueno que busque un ejército, porque para allá va la Marina de Guerra…¡Saldrá preso pues!” expresó el mandatario.
Respecto a los motivos por los cuales Chávez designa estos puertos a la autoridad central (y también el aeropuerto de Santiago Mariño en la isla Margarita), el mandatario aseguró que lo hace por temas de seguridad nacional (¿no habrá ningún otro motivo de trasfondo?).
El hecho de que le quiten los puertos y el aeropuerto a la oposición, supone una gran derrota para la oposición, que se ve afectada tanto a nivel político como económico. Más allá de la amenaza a la descentralización, los jefes regionales ven en la medida un intento de neutralizar su liderazgo.
Lamentablemente, las fuentes oficiales informan que es poco lo que los gobernadores pueden hacer para revertir el proceso, que parece dirigirse a una suerte de reencarnación de Luis XIV por parte de Hugo Chávez “el estado soy yo”.