
Este ritual tiene más de 150 años, y aunque el de Río es el más conocido, también hay grandes celebraciones al noreste del país en Bahí, y en el Surete en San Pablo.Dentro de las particularidades del evento de este año, podemos afirmar que el presidente brasileño Luis Ignacio Lula Da Silva, asistirá este viernes a la primer noche de desfiles en Río de Janeiro.
La crisis parece no ser un obstáculo para los turistas, ya que, en total, “709.000 turistas, 5.000 más que el año pasado, 30% de ellos del extranjero, están ya en la ciudad”, dijo según informes de la rempresa de turismo, Riotur.
Más de 46.000 turistas llegaron a bordo de cruceros. Unos 10.000 policías serán movilizados durante las festividades en Rio, una ciudad en donde la violencia es endémica. Eso no impidió que bandas armadas robaran a unos 50 turistas en tres días, en dos ataques diferentes a hoteles baratos de la ciudad.
Como cada año, una buena parte de los efectivos policiales se cocentrará cerca del sambódromo, construido por el famoso arquitecto brasileño Oscar Niemeyer, en el centro de la ciudad. En esta avenida de 700 metros de largo, flanqueada de tribunas, desfilarán desde el domingo hasta la madrugada del martes las 12 principales escolas de samba, con 70.000 espectadores esperados en cada noche.
En días en los cuales todos los excesos parecen permitidos, el gobierno va a distribuir gratuitamente a través de organizaciones no gubernamentales en todo el país 59 millones de preservativos, en el marco de un programa de lucha contra el sida. En Bahía, el carnaval comenzó el jueves por la noche.
Dos millones de personas danzan cada noche detrás de los “trios elétricos”, unos enormes camiones con altoparlantes que circulan por lugares definidos de la ciudad, con cantantes populares animando la fiesta.
En Recife (noreste), un millón de personas danzarán al ritmo frenético del “frevo” siguiendo al grupo de carnaval “”Galo da Madrugada”, que toma por asalto las calles de la ciudad. Pero para los ojos del mundo, el carnaval brasileño es sinónimo de los desfiles de las escolas de samba de Rio. Este año mantendrá la tradición de explorar temas populares brasileños pero innovará abordando también cuestiones ecológicas.